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LA MOTOSIERRA TRAJO EL FIN DE LAS VACACIONES

La temporada 2025 fue mala pero esta es peor. Empresarios preocupados: ¿es sólo el modelo económico o hay un cambio estructural?

A punto de concluir enero, los números demuestran una afluencia turística a la costa atlántica aún menor a la de 2025, año que todo el sector coincide en calificar como “malo”, y una caída profunda respecto de 2023.

El dato además se combina con estadías cortas, de tres a cinco días, y bajos presupuestos que no mueven el consumo. Distintos análisis coinciden también en que no se trata simplemente de una mala temporada sino de un cambio estructural en los hábitos de ocio y descanso que empieza a instalarse.

El intendente de La Costa, Juan De Jesús. advirtió que “hubo un cinco por ciento menos de turistas que el año pasado y veinte menos que en 2023. Y apenas el 18 por ciento sale a cenar afuera”, afirmó categórico, tomando números de las primeras semanas de la temporada.

Los datos que maneja De Jesús van en sintonía con el último informe de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que comparten la tendencia pero son aún más drásticos.

Para la entidad que hoy preside Ricardo Diab, la caída interanual del turismo en la costa es de 26 puntos y los gastos turísticos pagados con Cuenta DNI se desplomaron cuarenta por ciento. “Más que un retroceso del turismo, lo que se observa es una reconfiguración de la forma de viajar”, titulan.

Y explican los nuevos hábitos: picos de ocupación asociados a fines de semana, eventos y agendas puntuales, viajes espontáneos, más que reservas anticipadas o estadías largas planificadas con antelación.

Estos picos, no siempre previsibles, conspiran contra la posibilidad de que los empresarios adecuen sus estructuras y sus costos al nivel de reservas, una de las tácticas de supervivencia más habituales en el sector.

A la vez, cuesta creer que estos cambios en los patrones de viaje y consumo se hayan generado de manera espontánea, cuando la mayor parte de la población necesita más de un trabajo para llegar a fin de mes.

Para los pluriempleados, es extremadamente complejo tomarse vacaciones de todas sus actividades a la vez, por eso los periodos cada vez más cortos, con forma de “escapada”. ¿Vacaciones de una quincena o un mes? Afuera. Y esos, se supone, son los que están bien.

También juegan las expectativas negativas, según observan diversos estudios que advierten sobre la falta de certezas respecto al futuro inmediato, de manera que quien tiene ingresos, prefiere cuidarlos porque no sabe si los necesitará para sobrevivir. Así se van postergando decisiones de consumo y se deteriora la economía del sector turístico.

Así es muy difícil…

Detrás de todo, las luces de alerta también se encienden a partir de la idea de la jornada flexible, y la potestad del empleador de decidir sobre las formas de vacacionar de sus trabajadores. Esa incertidumbre es una amenaza severa para la “industria sin chimeneas” y las miles de familias que dependen de ella.

Antes de Milei, los pluriempleados eran aquellos que tenían dos empleos parciales para completar un ingreso. Era el caso, por ejemplo, de los docentes, o de los oficios vinculados a la construcción, que combinaban relación de dependencia y cuentapropismo.

Ahora, en cambio, son cada vez más los asalariados formales que recurren al trabajo en aplicaciones para complementar ingresos que no superan la línea de la pobreza.

El problema es que el tipo de turismo que esa realidad habilita, es a todas luces insuficiente para sostener el entramado productivo y de servicios de los distritos que viven de la temporada, porque con la diferencia de los meses de verano pasan el invierno, de La Costa a Necochea, pasando por Gesell, Pinamar, Mar del Plata y Miramar.

Con todos los datos en la mesa, la cuestión es uno de los temas que más preocupa a la provincia y fue abordada en la última reunión que encabezó el gobernador Axel Kicillof, junto con funcionarios de su gabinete, frente a un centenar de empresarios del sector.

“La mitad de los argentinos no puede vacacionar”, “estamos 27 por ciento abajo del año pasado” y “si al país le va mal, a la costa le va mal”, fueron algunas de las definiciones que dejaron los principales jugadores del turismo y la gastronomía de la costa atlántica argentina y que reflejan una realidad que se profundiza acorde avanza la temporada.

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