La petrolera estatal abandona los yacimientos convencionales maduros para concentrarse en Vaca Muerta, dejando miles de familias sin empleo, comunidades enteras en crisis y regiones históricamente petroleras al borde del colapso económico y social, mientras el conflicto en Medio Oriente dispara los precios internacionales del crudo.
La petrolera estatal YPF concentra sus inversiones en Vaca Muerta y abandona áreas maduras en varias provincias, generando despidos masivos, parálisis operativa y riesgos ambientales en regiones petroleras tradicionales, mientras el conflicto en Medio Oriente impulsa los precios del Brent y amenaza con encarecer los combustibles en el país.
En el marco del Plan Andes, YPF decidió dejar de operar en yacimientos convencionales maduros (más de 50 en total en el país) para enfocarse exclusivamente en la producción no convencional de Vaca Muerta y otras formaciones similares. La medida implica la venta de áreas en Mendoza, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, con posible continuidad limitada en Chubut y algunas zonas de Mendoza. El 40 % de la producción total de la empresa proviene de estos campos maduros.
La retirada de YPF: Provincias, en problemas
Esta reconfiguración deja a varias provincias con fuerte dependencia histórica de YPF prácticamente sin presencia operativa de la estatal. Las provincias detentan el 25 % de las acciones de la empresa y el Estado nacional el 26 %.
El impacto ya es visible y profundo. En Mendoza Norte, la transición a nuevas operadoras provocó más de mil despidos y la paralización de las tareas de remediación ambiental en zonas de explotación. En Santa Cruz, tras 90 días del traspaso de áreas maduras, no se materializó la reactivación prometida: contratistas permanecen paralizados, hay preocupación y la provincia declaró la emergencia hidrocarburífera.
En el norte (Salta y NOA), la producción convencional lleva más de 15 años en declive: el año pasado el sector perdió el 20 % de su fuerza laboral, solo un tercio de los operarios desvinculados consiguió reinsertarse rápidamente y muchos optan por migrar hacia la minería o el sur, donde las políticas de empleo local complican la contratación.
«Tierra arrasada», la advertencia de Petroleros
El secretario general de la Federación de Petroleros, Mario Lavia, colocó en el centro del debate el costo humano y regional de la estrategia. Lavia advirtió que la retirada de YPF de los yacimientos convencionales deja “tierra arrasada” en lo social, laboral y en materia hidrocarburífera. Señaló especialmente los casos del Golfo San Jorge, los yacimientos del norte como Salta y Tierra del Fuego, donde las provincias quedan “absolutamente abandonadas”.
Según el dirigente, el orden internacional cambia radicalmente la ecuación: «Argentina no es un país petrolero sino un país con petróleo, y el desarrollo de Vaca Muerta está diseñado para que el crudo salga sin ningún valor agregado». El conflicto en Medio Oriente podría beneficiar los precios del petróleo, pero al mismo tiempo «repercutirá en los valores locales y en la inflación, perjudicando el poder adquisitivo de los trabajadores». Lavia contrastó esta realidad con otras ramas del sector hidrocarburífero —refinerías y gas licuado— que operan a pleno y cerraron paritarias con revisión pautada para el 15 de abril.
El contexto global refuerza la urgencia del análisis. La inestabilidad en Medio Oriente y la fuerte reducción del tránsito en el Estrecho de Ormuz (por donde pasa el 20 % del petróleo mundial) dispararon el valor del Brent, alcanzando picos históricos. En Argentina esto podría traducirse en un aumento de los combustibles, ya que el crudo representa el 40 % del costo final y cada dólar de suba en el barril eleva entre 1 % y 1,3 % el precio en surtidor. YPF aplica promedios móviles para amortiguar los picos, pero si el Brent se sostiene en torno a 85 dólares durante varios meses, el impacto será inevitable, señalan los especialistas.
YPF: Récord en Vaca Muerta y crisis en regionales con petróleo
Mientras Vaca Muerta celebra récords de producción y exportación (incluso hacia Brasil) y acerca al país al autoabastecimiento, las regiones convencionales tradicionales —muchas de ellas ciudades pequeñas con alta dependencia de la actividad— enfrentan una crisis que no se traduce en bienestar regional. La desinversión abre la puerta a operadoras privadas y regionales más pequeñas, y existen expectativas en que el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) atraiga capitales para reactivar estos yacimientos, que aún aportan una parte relevante de la producción nacional.
Sin embargo, el fantasma de los despidos, la migración forzada y los riesgos ambientales (derrames y pozos antiguos sin sellar) generan una incertidumbre profunda. La “tierra arrasada” que describe Lavia no es solo una metáfora: es el saldo inmediato que enfrentan provincias y familias que durante décadas sostuvieron la industria petrolera argentina.
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