La agresividad continental de la administración de Donald Trump –y la preocupación bipartidista por la presencia de China en la región, en el marco de disputa que los Estados Unidos mantienen con la potencia asiática a nivel global– aterrizó de lleno en la Argentina en los últimos días. En línea con las prioridades de la Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca, donde el control de las cadenas de suministro ligadas a recursos naturales ocupa un rol central, el primer escenario de la puesta en escena de asertividad estadounidense fue Vaca Muerta.
Sergio Fernández Novoa, gerente de Tecnología de la cooperativa de energía eléctrica neuquina CALF, recibió mensajes de un funcionario de la embajada estadounidense que le advertían que las visas de sus directivos podían ser revisadas si avanzaba un proyecto con Huawei. La medida podía alcanzar a los dieciséis integrantes del consejo de administración y a dos síndicos. CALF respondió que tenía infraestructura multiproveedor y que el proyecto –que incluía un centro de datos y la expansión de su red hacia la cuenca petrolera– todavía no estaba adjudicado. Respecto de una eventual preferencia por Huawei, indicó que respondía a una combinación de precio, calidad y financiamiento, y no a alineamientos geopolíticos.
En una primera respuesta a Clarín –el medio que reveló la información– el embajador estadounidense Peter Lamelas sostuvo que la gestión estaba exclusivamente dirigida al acuerdo de CALF “sin ninguna otra implicancia en la Argentina y con ningún otro sector”, pero luego de que la cooperativa reclamara una comunicación oficial, Lamelas dio un alcance implícito mayor. Ratificó por carta que los mensajes reflejaban una política de su gobierno, pidió conocer las compras tecnológicas previstas y ofreció acercar proveedores alternativos.
Cualquier duda sobre el alcance político del planteo fue aclarada por las declaraciones de Lamelas en el Energy Forum de AmCham, la Cámara de Comercio Argentino-Estadounidense. El embajador americano afirmó que cualquier información que atraviese tecnología china quedaría bajo control del Partido Comunista Chino y advirtió, en algo parecido a una advertencia, que esa circunstancia “tampoco va a ayudar a atraer inversores extranjeros a Vaca Muerta”. Lamelas vinculó la elección de proveedores tecnológicos con la disponibilidad de inversiones y puso sobre la mesa el financiamiento de la DFC y el EximBank para proyectos de energía, minería y, eventualmente, tecnología. Pocos días antes había recibido a CALF y ofrecido apoyo financiero, equipamiento y contactos con empresas estadounidenses.
Las respuestas, tanto de Huawei como de la Embajada de la República Popular China, fueron sumamente duras. Además de rechazar las acusaciones, reivindicar el carácter privado de la firma y asegurar que la infraestructura cumple con estándares internacionales y auditorías independientes, acusaron a Estados Unidos de chantaje, hegemonismo y –de modo interesante frente a un gobierno como el de Milei– de menoscabar los principios del łibre mercado.
Es muy difícil contradecir la acusación sobre hegemonismo de la diplomacia china, porque se alinea con el discurso de las propias autoridades estadounidenses. Esta semana, el Departamento de Estado publicó un video en X con un mensaje inequívoco: “El dominio estadounidense sobre el Hemisferio Occidental nunca volverá a ser cuestionado”. En el argot de la burocracia estadounidense, el Hemisferio Occidental es el nombre que se da al continente americano en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, que incorpora un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe y establece que Estados Unidos es explícita en el deseo de impedir que competidores extrarregionales controlen activos estratégicos.
El documento ordena identificar recursos y puntos críticos para su desarrollo, utilizar la influencia estadounidense en materia financiera y tecnológica para desalentar otras asociaciones. El discurso del Embajador parece salido del manual y Vaca Muerta casi diseñado como un ejemplo. Un yacimiento energético de clase mundial, que necesita grandes inversiones occidentales y depende de redes que transportan información operativa potencialmente sensible.
Vaca Muerta es un nodo estratégico, pero no está claro que el señalamiento permanecerá limitado a CALF y al yacimiento. El discurso y la estrategia parecen ir en sentido contrario. En Telecom Argentina, cuyo accionista controlante pertenece a Clarín, mantiene una relación tecnológica de larga data con Huawei. Ambas empresas construyeron conjuntamente parte del núcleo de la red móvil de Telecom y todavía en mayo de 2026 presentaban públicamente su cooperación en servicios en la nube a inteligencia artificial. No existe hasta ahora evidencia de una advertencia estadounidense dirigida contra Telecom, pero sus palabras en AmCham fueron formuladas con una línea muy general de cara a la inversión, lo que seguramente haya levantado alarmas en el Grupo.
El Gobierno argentino se mantiene en silencio y resulta impensable que vaya a intentar nada que pueda lastimar, aunque sea mínimamente, su alineamiento con los Estados Unidos. A pesar de ello, la Argentina acaba de renovar el swap con China y los vínculos comerciales, financieros y tecnológicos son enormes y cualquier daño que recibieran sería muy costoso para el país. La ausencia de una política pública sobre proveedores críticos deja las decisiones en manos de cada empresa y permite que una embajada extranjera quiera definir, mediante amenazas o incentivos, los límites de lo aceptable en materia de tecnologías estratégicas.
Para los sectores ganadores, Argentina ejerce una atracción inédita en, por lo menos, décadas, no sólo para las grandes potencias, sino para los inversores de vanguardia. Peter Thiel, el ideólogo de Silicon Valley instalado en Barrio Parque, es un ejemplo icónico del atractivo que ejerce el país. Estuvo reunido en mayo en su residencia con Miguel Galuccio. Hablaron de la actualidad argentina, de Inteligencia Artificial y de la importancia de la energía en la reconfiguración de la economía global. Las coincidencias no son meramente retóricas. VISTA, la petrolera fundada por Galuccio, es la segunda inversión más grande del fondo de Thiel, sólo superada por Amazon. Vaca Muerta aparece como una apuesta nodal en un mundo en el que la energía es un bien codiciado y el conflicto afecta la estabilidad de las cadenas de suministro.
Argentina es, posiblemente, un reverso de Medio Oriente. Aunque su costo sea más elevado, la ausencia de guerras e hipótesis de conflicto ofrecen una seguridad que, en momentos de incertidumbre y enfrentamiento global, tiene un enorme valor político y económico. Acaso paradójicamente, el mayor riesgo que enfrenta este activo del país sea la propia Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, que lo convierte, como todo el continente, en terreno de disputa, y el alineamiento irreflexivo que, respecto de esa estrategia, promueve el gobierno.
Una de las cuestiones que apareció en el centro de las discusiones entre Trump y Lula da Silva es el sistema de pagos PIX, creado y gestionado por el banco central. El sistema es un esquema de transferencias instantáneas, electrónicas, asociadas a identificaciones simples como un QR, un alias o un número de teléfono. Es gratuito para individuos y microemprendedores, mientras las comisiones que las entidades financieras cobran a los negocios se ubican entre el 0,22% y el 1,45% del valor de la operación. El sistema es utilizado por la casi totalidad de la población brasileña, al punto de que el efectivo casi desapareció desde la puesta en marcha, mientras los pagos con tarjetas vieron reducida su preponderancia, afectando a las compañías multinacionales estadounidenses que las controlan.
Un proyecto del diputado peronista Guillermo Michel busca replicar ese sistema en Argentina, donde desde el sector privado, las fintech, particularmente Mercado Pago, fueron tremendamente exitosas en popularizar los pagos electrónicos con plataformas ágiles, pero mucho menos en volverse interoperables y mantener bajas las comisiones a partir de la competencia. Los desafíos tecnológicos, dada la penetración en el país de los pagos electrónicos, no son altos, e incluso se puede trabajar con una horizontalización de la infraestructura existente.
No fue el único aspecto del modelo de negocios por el que la empresa de Marcos Galperin se vio cuestionada esta semana. Los elevadísimos intereses que cobran las fintech por dar préstamos, con costos financieros totales que superan holgadamente el 100% –las tasas efectivas en promedio son de casi 95%–, mientras lo que pagan las cuentas remuneradas a los usuarios, técnicamente un fondo de inversión, ronda el 17% anual. La promoción agresiva de crédito caro, para el financiamiento de consumos ordinarios, es una receta para el desastre.
La mora en el sector fintech supera el 25%, mientras la mora bancaria de familias llega al 11%. El gap no explica las diferencias de tasas, sino los perfiles de deudores. Las tecnológicas atienden a un sector menos formalizado y más precario. En ambos casos se trata de una multiplicación exponencial de la cantidad de crédito impago respecto de un año atrás. Los motivos son varios. Las tasas de interés que cobran tanto las billeteras virtuales como los bancos fueron desreguladas por el gobierno de Javier Milei lo cual permite que lo que pagan a los usuarios se ubique muy por debajo de lo que cobran.
El crédito, por caro que sea, se convirtió en el recurso de muchas familias para afrontar sus gastos, por la debilidad de la actividad económica fuera de los sectores extractivos y el propio sector financiero. El sector de intermediación financiera registró una suba del 24,5% el año pasado, mientras la industria atraviesa una profunda recesión que viene destruyendo empleos de forma sostenida, y otros sectores intensivos como la construcción se muestran débiles. El vale todo para bancos y billeteras virtuales que habilitó el gobierno en este contexto corre el riesgo de una espiralización ruinosa tanto para las familias como para el sistema y podría ser la diagonal que encuentre la “pesadilla comunista” que le quita el sueño al dueño de Mercado Libre para reconectar con la sociedad.
En ese mundo, un actor que empieza a destacarse frente a las internas que simulaban paralizar al kirchnerismo y al espacio de Axel Kicillof: Sergio Massa. El bonaerense tuvo una intervención virtuosa que fue muy pública durante la discusión en el Senado de la ley extranjerización de las tierras, pero hubo otro movimiento político suyo que tuvo bastante menos visibilidad: la articulación del encuentro realizado en el Hotel Emperador del que participaron los principales sectores del peronismo. A través de José Mayans y Germán Martínez, Massa trabajó para sentar en una misma mesa a Máximo Kirchner, Kicillof y, naturalmente, a él mismo.
El objetivo inmediato era concreto e instrumental: construir una posición común en defensa de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Frente a la posibilidad de eliminación de las PASO, los distintos sectores coincidieron en reivindicarlas como una herramienta para procesar y dirimir las diferencias internas, pero el encuentro dejó algo más que esa posición común: abrió una instancia de diálogo entre sectores que vienen atravesando una interna profunda, especialmente entre el kirchnerismo y Kicillof. Una conversación que no resuelve esas diferencias, pero que vuelve a habilitar un canal político que permanecía prácticamente bloqueado. En ese contexto, es probable, entonces, que el gobernador –más temprano que tarde– mantenga una conversación en San José con Cristina Fernández de Kirchner, con el objetivo de comenzar a definir –o no– una hoja de ruta para el peronismo de cara a lo que viene.
Hubo, además, otro aspecto de la conversación que tuvo todavía menos visibilidad y que involucra directamente a los gobernadores. Allí aparece una discusión eminentemente política y electoral: los mandatarios provinciales enfrentan ahora la necesidad de decidir qué costo están dispuestos a pagar. En el entendimiento de algunos con el Gobierno nacional existía una contraprestación política concreta: acompañar determinadas iniciativas a cambio de que el oficialismo nacional no presentara candidatos competitivos que les quitaran votos en sus propios distritos. El peronismo decidió plantear una lógica similar, pero en sentido inverso: al gobernador peronista que acompañe la eliminación de las PASO, el peronismo le presentará un candidato propio en su provincia.
Esta búsqueda de una arquitectura política común todavía no parece estar acompañada por una unidad de criterio respecto de qué hacer con algunos de los temas centrales del funcionamiento de la Argentina. Uno de ellos es la Justicia que durante buena parte de los últimos años ocupó un lugar central en las preocupaciones, el discurso y la estrategia política del peronismo.
Para dimensionar lo que está ocurriendo alcanza con mirar con detenimiento el proceso abierto a partir de la asunción de Juan Bautista Mahiques, convertido en uno de los principales instrumentos de un rediseño del Poder Judicial que, por su profundidad y alcance, probablemente sea el más relevante de las últimas décadas. Como suele ocurrir con transformaciones de esta magnitud, no existe una explicación única. Hay una multiplicidad de factores políticos, institucionales y personales que ayudan a entender el proceso. Durante demasiado tiempo, las vacantes dentro de la Justicia quedaron prácticamente abandonadas como parte de una desidia oficial. Ocurrió durante los cuatro años del Frente de Todos y se repitió en los primeros dos años de la administración de Milei.
En el primer caso pudieron haber pesado la pandemia, las dificultades de gestión y las propias disputas internas de la coalición. En el segundo, el aprendizaje de los primeros meses de un gobierno sin experiencia previa de gestión nacional y, posteriormente, la concentración de esfuerzos políticos en las elecciones de medio término. Las explicaciones pueden ser diferentes. El resultado, sin embargo, fue parecido: espacios institucionales decisivos quedaron disponibles y otros actores los ocuparon. Por eso, mientras discute candidaturas, mecanismos electorales y la manera de procesar sus diferencias internas, el Partido Justicialista tiene por delante una discusión bastante más profunda: qué política quiere tener respecto del Poder Judicial y qué lugar pretende ocupar allí en los próximos años.
En ese aspecto, pero fundamentalmente en el electoral, tendrá mucho peso la mirada de los gobernadores. En ese escenario, la eliminación de las PASO podría convertirse en el principal driver de crecimiento –e incluso en la única oportunidad– para las terceras fuerzas, salvo que alguna de ellas alcance un acuerdo con el kirchnerismo o con La Libertad Avanza para disputar la conducción de alguno de los dos espacios. Hoy esa posibilidad se ve lejana.
Es en ese contexto que surge la figura de Daniel Hadad, que reúne varias condiciones interesantes. La primera tiene que ver con el mensaje tácito que parece enviarle al sistema político a través de sus convocatorias. En los eventos organizados por el dueño de Infobae confluyen personas provenientes de tribus muy diferentes, muchas veces con intereses contrapuestos y, en algunos casos, directamente enfrentadas entre sí. Hadad podría estar diciendo que si no corporiza lo que viene, tiene intenciones de conducir una parte de ese proceso.
Hadad, al revés del planteo clásico del outsider, representa la evolución del insider. Un profesional de la política por otros medios que, a partir de su condición de empresario de medios de comunicación, consigue algo cada vez más difícil: unir a sectores diversos. Un self-made man que, si no conduce, condiciona. Y que producto de la situación particular de cada uno de los espacios políticos, puede terminar esta aventura con mucha más capacidad de influencia que la que tenía antes, incluso si finalmente no es candidato.
El escenario que se vislumbra es el de un Milei que difícilmente llegue fortalecido, un peronismo con menor volumen electoral que en otros momentos y, fundamentalmente, una eventual opción de centro necesitada de volumen, estructura y capacidad de amplificación. En cualquiera de esos escenarios, Hadad puede terminar sentado como accionista. Resta ver la participación.
Iván Schargrodsky | Cenital

