viernes, febrero 13, 2026
Ingreso Policía Provincia de Buenos Aires
HomePolíticaDE BUEYES PERDIDOS

DE BUEYES PERDIDOS

La media sanción reabre el debate por las horas extras, la jornada de ocho horas y el riesgo de conflicto en una economía estancada hace décadas.

Los bueyes con los que hoy aramos van para un lado y para el otro. Así es difícil cultivar el suelo, difícil “servir a la Patria”, porque: “cultivar el suelo es servir a la Patria” (M.Belgrano) 

Los que tiran el arado son los hombres públicos, por ejemplo, senadores. 

En tiempos pasados, que la mayor parte de los argentinos valoramos por “el cultivo de la Nación”, los senadores – la mayor parte – eran, como Joaquín V. González, del interior de la Patria, él en La Rioja, hombre de leyes y letras, miembro de la Real Academia Española y primer presidente de la U. de La Plata. Bien pudo ser uno de esos “jóvenes provincianos que estaban esperando su oportunidad para brillar en ámbitos más amplios que los de sus pequeñas aldeas”… “retoños…de cepas trasplantadas desde España en los tiempos de la conquista o la colonia (que) acompañaron fervorosamente la empresa emancipadora … (y) se empobrecieron en las guerras sin perder su fe en un futuro mejor” (Soy Roca,pag.51 F. Luna) 

Siendo ministro de J.A. Roca propuso la “Ley Nacional del Trabajo” (1904) basada en el “Informe sobre el estado de la clase obrera” elaborada – a pedido de González – por J. Bialet Masse. Su Cap XIV es “La jornada racional o la jornada tipo de ocho horas” (pag.541Hyspamerica, 1985). 

La ley de González limitaba la jornada a 8 horas diarias. Un recuerdo que nos vincula con el presente. 

La media sanción del Senado no ha suprimido la jornada de 8 horas. Pero introduce, como mínimo la altísima probabilidad de un conflicto cotidiano al interior de la relación patrón – empleado: suprime la regulación que obliga al pago de horas extras después de las 8 horas y pone “más libertad” entre desiguales: o entre la codicia y la necesidad, dos generadoras de pasión que se tornan incontrolables dejadas a la libre. Por un lado, se trata de una manera de “suprimir de hecho las horas extras”: “trabaja hoy cuatro horas más y no vengas mañana cuatro horas, te compensó con horas y no plata”. ¿En la necesidad quién dice “no”? 

En la misma línea las vacaciones partidas, que alejan de la idea de “descanso en familia”. Será una fuente, sino de conflicto, de “mala relación”: no hay “consenso probable entre codicia y necesidad”. 

Por eso hace 100 años los hombres del PAN propusieron reglas de “protección”. Imaginen esta “conversación” en el puerto: “quédate cuatro horas sin pago extra y compénsatelas mañana o el lunes”. 

No discutiré el articulado de la sanción. Pero nadie, en su sano juicio, puede creer que de esta ley “per se” derivará un aumento en el empleo. Alguien podrá alegar que no es una condición suficiente, pero sí necesaria. La realidad no lo demuestra. 

La pérdida de empleo y la informalidad obedecen a una economía que está en “estanflación” hace 50 años, con unos pocos de breve (y atada con alambre) estabilidad y más breves períodos de recuperación que no de crecimiento, como lo demuestra que – Rapetti dixit – en 2020 el PIB ph fue igual al de 1974 y nadie dirá que en 6 años hemos crecido. 

Tampoco se puede esperar un aumento en la formalización de empleo hoy en negro, cuando la reforma baja costos de las penalidades de tenerlo, estando en un océano de blanqueos que, en realidad, son incentivos a trabajo más barato. Un párrafo para el Fondo (FAL) que le quita fondos al ANSES para que lo administren los financistas y no el ANSES ¿? Feo.

Finalmente, el conflicto de la policía de Santa Fe terminó con un aumento de sueldos. Desde el vamos era más que obvio. El aumento era posible y resolvió un conflicto que -además – estaba “estrictamente prohibido” que existiera…y existió. 

Se “puede prohibir” … pero cuando está para estallar no hay “ley” que pueda parar, salvo la violencia que, en este caso, habría sido “a los tiros”. Lamentablemente el Gobernador Pullaro olvidó que “la política de estadista” es, entre otras cosas, prever. El “intendente” (no el estadista) resuelve conflictos una vez ocurridos y está bien que lo haga: es su nivel. Pero el “estadista” evita, porque ve más allá, que los conflictos ocurran. Por eso “la política” es conversar entre “distintos” para aclarar y consensuar caminos. “La política” es arte de evitar la violencia para resolver conflictos. “La política” es el arte de evitar revoluciones. 

Simplemente para recordar: en el auge de las ideas socialistas y comunistas, los keynesianos, los social cristianos, en Occidente, instalaron el Estado de Bienestar “en consenso” para avanzar en el progreso (aumento de la satisfacción de las necesidades sociales) por el camino de la política y desarmar, con la conversación, la ira de las armas de la “revolución”. 

Convengamos que estamos en tiempos de ira y por lo tanto de profundo silencio: nada se conversa. Luciano Román, en una brillante nota en La Nación (12/2), señala que Karina Milei “ante los diputados libertarios (dijo) “A los proyectos del Ejecutivo, primero se los vota y después se los lee” … “mensaje humillante para los propios legisladores”. Dice Román. Una descripción de la realidad que nos lleva al principio de esta nota, acerca de los bueyes con los que aramos el suelo fértil de la Patria. 

Un senador líder de la LLA, en el recinto, no supo leer una cifra de más de 6 números; una senadora líder de su partido, en el Senado, lo llamó “Unión por la Plata”. Lapsus. Grave. 

Pero peor, porque no es “sólo un momento”, como un lapsus, sino una vida, los casos como el del senador Luis Juez, humorista, figura cotidiana de los canales oficialistas de la TV libertaria, que también lo fue en la TV del kirchnerismo: decía, en la tribuna oficialista del kirchnerismo, “¡¡Soy fanático de Talleres, La Mona y Kirchner!!! A los tres los tengo en el corazón, y como tengo un corazón amplio los tengo a los tres cómodos” Página 12 (16/4/2006) Fanático es lo que este hombre no ha dejado de ser: solo que cambia de amores con igual vehemencia. Incorregible por estar en el Poder.

Con “bueyes” que tiran hoy para un lado y mañana para el contrario, es imposible arar el suelo patrio en una dirección por el tiempo suficiente como reclama cualquier estrategia de desarrollo. 

La medalla a la inconsecuencia, de eso se trata, se la lleva la senadora Patricia Bullrich. Hoy feroz anarcocapitalista y a la que, en el debate presidencial 2023, un módico Milei le preguntó “¿Por qué vos sí podés lavar tu pasado de montonera asesina?” (Ambito, 2023). Patricia condenaba las maneras mileistas que hoy imita. Ayer, no más, suelta de cuerpo – y los comensales se la dejaron pasar – dijo Patricia, en el programa de la Legrand, “soy republicana después que, en la cárcel en 1975, supe lo que es el derecho”. En el exilio (premiado) se casó con un jefe montonero, volvió en 1984, junto al secuestrador de los Born, R. Galimberti y en el Luna Park encabezó el acto de la JP bajo la conducción de Pablo Unamuno, vocero de Mario Firmenich. No muy republicana que digamos. Entonces no mentía y explicaba que cantaba “no somos putos, no somos faloperos, somos soldados de FAR y montoneros” (realpolitk). Firmenich, Menem, Duhalde, (hay foto con Néstor) De la Rua, Macri, Milei, para ella todos son lo mismo para “estar” (y no ser) junto a los mojones de la decadencia que hoy vivimos y ella protagonizó; y protagoniza en todas sus facetas, de la guerrilla socialista y asesina a la militancia con casi todos los presidentes de una democracia que construye decadencia hasta hoy. 

Es la ruta de los bueyes de este tiempo. No de los que hicieron la Argentina de progreso, los del 80, los del Centenario, los de los 30 y todos los que fueron derrotados, a sangre y fuego, a partir de la Guerrilla y la Dictadura de los crímenes de lesa humanidad.  

Son muchos años con dirigencia que, por los resultados, ha demostrado su profundo desapego a los verdaderos intereses de la Nación como “proyecto sugestivo de vida en común”. 

Entre los gestos de desapego quiero recordar dos recientes, no los únicos ni los principales, pero de esta época, de trascendencia insoslayable. Uno: “El presidente de Argentina, J. Milei, recibió la ciudadanía italiana durante una visita de Estado a Italia, informó un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia…tiene tres abuelos italianos que emigraron a Argentina en 1926… dijo el portavoz” CNN 15/12/24. Es obvio que quien adopta la ciudadanía italiana se obliga a la lealtad a esa República y a las leyes italianas: un país que es miembro de la OTAN y que mantiene el respaldo estratégico a la ocupación ilegitima del Reino Unido en Malvinas.  Visita de Estado!

El segundo “desapego” es la conclusión de una solicitada publicada en The Washington Post por doce empresas, principalmente de laboratorios y finanzas, entre los líderes Porcel, Caputo y Sigman, que adhieren allí con entusiasmo a Milei y concluyen con que: “Argentina puede sacar fuerza de sus riquísimos recursos. El principal de ellos reside en su propio legado: una nación de inmigrantes que huyeron de la guerra y la pobreza en busca del sueño argentino. Su espíritu, forjado por las dificultades, brilla como un salvavidas indispensable”. 

Será porque los abuelos de Milei llegaron en 1926 y, supongo, que similares orígenes tienen los firmantes de la nota. El “desapego” fue con la historia del que acogió a tus mayores. La Argentina del Centenario, antes de la primera guerra, era un hogar de atracción y brazos abiertos, para quien quisiera habitar nuestro suelo que fue argentino después de las luchas de la Independencia; y Nación organizada después de las Guerras Civiles que precedieron a la Organización Nacional. 

Lo que, en esa lamentable solicitada, ignoraron (desapego) los descendientes de los que “huyeron de la guerra y la pobreza” es que 60% de los que habitamos en el suelo argentino tienen o tenemos, siglos y sangre aborigen y que seremos Nación sólo si terminamos, primero con “la ley de la discordia” (J.V. González) y segundo con esos gestos de rastacueros que dividen al pueblo por el origen: sólo comparable a la estupidez de Alberto Fernández, lo que es mucho decir.  

El Economista

Notas similares
- Advertisment -
Google search engine

Más vistas