Los bloques dialoguistas ponen sobre la mesa un ultimátum: la modernización va a salir sólo si se introducen modificaciones en puntos clave.
El Gobierno de Javier Milei está frente a un nuevo —viejo— dilema: o mantiene su radicalismo liberal o da el brazo a torcer y se sumerge en una lógica de negociación y pragmatismo. Y no tiene mucho tiempo para definir la postura. El reloj avanza y cada día falta menos para el debate de la reforma laboral.
Hasta ahora la Casa Rosada había mostrado un perfil más cercano a la intransigencia. Pero el cambio de postura quedó evidenciado con el Presupuesto 2026. Luego de amenazas con vetarlo por algunos cambios clave en su redacción, optó por avanzar con el texto tal y como había salido del Congreso.
En este punto, con la reforma laboral sobre la mesa, el dilema se reedita. Sobre todo cuando los espacios dialoguistas y aliados ocasionales del Gobierno ponen sobre la mesa un ultimátum: la modernización va a salir sí, y sólo sí, se hacen modificaciones en puntos clave.
La negociación como única vía
Eduardo Falcone, diputado por el bloque del MID —aliado al Gobierno— explicó por Radio 750 que ellos están a favor de una modernización laboral, pero no la que pretende el Gobierno.
“La verdad es que nos parece que fue razonable lo que hicieron”, comenzó señalando Falcone ante la pregunta sobre la postergación del debate, que se pretendía realizar en enero y se pasó para febrero.
Y añadió: “Porque se querían llevar puesto todo. Cuando tratamos el presupuesto y le bajamos el capítulo 11, que tenía las emergencias, dijimos que había que debatir y reflexionar”.
“Me parece que lo que tenemos hacer es debatir como mínimo con las centrales obreras y empresarias. Porque no hay mucho consenso con algunos temas. Incluso algunos que parecen favorables a las cámaras empresariales”, afirmó.
Tras lo que sostuvo: “Porque dicen que vivieron toda la vida con la CGT en paz y que le mete quilombo a todos. Y hay que ver el tema de derechos adquiridos”.
Si va a salir una ley —dijo entonces—, debe ser una que responda a la principal demanda que tiene el país, que es que el 50 por ciento de la masa laboral informal pase a la formalidad.
“Argentina necesita una modernización laboral porque el 50 por ciento de los trabajadores están en negro. Y de esos, nadie aporta. Y hay que lograr incorporarlos al sistema formal”, aseguró.
Tras lo que puntualizó: “Estamos a favor de una modernización laboral. Probablemente sea aprobado, pero no como vino del Poder Ejecutivo”.
“Tener una reforma laboral aprobada, que sea una reforma digna, aceptable para todas las partes, es más importante que tener una reforma laboral que salga como querían a fin de año”, le dijo al Gobierno.
“Si son inteligentes y pragmáticos, van a negociar cosas que no creen una ley que sin sentido, pero sí que modernice”, concluyó el diputado del MID.
Página/12

