miércoles, marzo 18, 2026
Ingreso Policía Provincia de Buenos Aires
HomeEconomíaTEORÍA DE LA RELATIVIDAD (DE LOS PRECIOS)

TEORÍA DE LA RELATIVIDAD (DE LOS PRECIOS)

Yo estoy bien, algo movilizado porque la semana pasada conocí Rivera, el pueblo del sudoeste bonaerense al que llegó mi bisabuelo desde Rusia a principios del siglo pasado. Aproveché para conocer también Carhué y Epecuén, un pueblo que quedó tapado por el agua en 1985 por errores básicamente humanos. Es una historia que, de algún modo, pinta bastante bien a los argentinos. Deberíamos aprender de esa experiencia para no terminar, nuevamente, tapados por los precios.

La inflación de febrero se mantuvo muy elevada, no bajó con respecto a enero y así se mantiene la tendencia al alza desde mayo. El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, culpó a los precios relativos: hasta que no se corrijan, su variación seguirá alta. La explicación es interesante porque remite a una vieja idea de la teoría económica: la inflación no es siempre ni en todo lugar un fenómeno únicamente monetario.No tan monetariaLa inflación de febrero volvió a ser alta: 2,9%, igual que en enero. Así, se cumplen 9 meses sin una baja mensual y, en términos interanuales, subió por cuarto mes consecutivo para superar el 33%.El dato más preocupante fue la inflación núcleo — el componente más estable — que ascendió a 3,1% mensual, el mayor registro en casi un año. Por su parte, los precios regulados aumentaron 4,3% y los precios estacionales dieron una mano al bajar 1,3%.Los regulados subieron principalmente por la corrección de tarifas de servicios públicos. Estas tarifas tenían una ponderación mayor en la canasta de consumo de 2017/2018 que el Gobierno decidió no actualizar. Si lo hubiera hecho, hoy estaríamos hablando de una inflación mensual superior al 3%.
Todo esto sugiere que la estrategia desinflacionaria del Gobierno dejó de surtir efecto y necesita un reseteo. El equilibrio fiscal y una política monetaria más ordenada no parecen suficientes. O, dicho de otra manera, al final la inflación no era un fenómeno únicamente monetario.Todo es relativoCuando el ministro Caputo dice que “la economía argentina todavía se encuentra en un proceso de corrección de precios relativos”, en realidad está remitiendo a una idea clásica del economista argentino Julio H. G. Olivera (una eminencia de la disciplina), quien en 1960 publicó un artículo titulado La teoría no monetaria de la inflación.Su idea central es que los precios son rígidos a la baja. En sencillo: las cosas nunca bajan de precio. Cuando el precio de un producto queda atrasado, la forma de corregirlo no es bajando los demás, sino aumentando el precio en cuestión. Por eso, el proceso de recomposición de precios relativos suele ser inflacionario.Notar que en ningún momento se habló de déficit fiscal o emisión monetaria. La pregunta, entonces, es inevitable: ¿están desalineados los precios relativos en Argentina?Baratos en dólares…Hasta acá la teoría. ¿Qué dicen los datos sobre Argentina? Para responder podemos mirar el Índice mensual de precios relativos que publicó Fundar por primera vez la semana pasada.El primer dato es contraintuitivo: Argentina, en promedio, no está cara en dólares. De hecho, es más barata que América Latina. Considerando una misma canasta de consumo para todos los países, en diciembre de 2025 (último dato disponible) nuestro país era 8% más barato que el promedio de la región y también más barato que Uruguay, México, Chile y Brasil.
Entonces surge la duda: ¿No era que estábamos caros en dólares? ¿No era que el tipo de cambio estaba bajo?En parte, esa percepción se explica por el tipo de cambio que se utiliza para hacer la comparación. Al realizar estos cálculos al dólar oficial — porque incluso en momentos de alta brecha sigue siendo el principal determinante de precios — notamos que estamos 12% más baratos en dólares que cuando asumió Milei. Pero, si usamos el tipo de cambio paralelo — el precio al que las familias pueden acceder al dólar para ahorrar — hoy estamos bastante más caros que en diciembre de 2023.También influye la volatilidad del tipo de cambio argentino. Si en lugar de comparar con diciembre de 2023 lo hacemos con enero de 2021, hoy estamos cerca de 50% más caros.Pero, “pará, pará, pará”, dirán quienes viajaron a Brasil este verano: “Allá estaba todo más barato”. Es cierto, y la explicación aparece cuando se desagrega el índice de precios relativos por los capítulos que lo componen. En los capítulos asociados al turismo — restaurantesindumentariarecreación — Argentina es relativamente más cara. En cambio, somos más baratos en otros rubros en los que no solemos gastar cuando viajamos, como saludeducación, y vivienda y servicios (en donde se ubican las tarifas).
Esto revela algo interesante: Argentina está relativamente cara para la canasta de consumo recreativo de las clases medias y altas — viajesrestaurantes — , pero no tanto para los consumos ligados a la calidad estructural de vida de todas las clases, como saludeducación, y vivienda y servicios. En buena medida porque muchos de esos servicios están provistos (los dos primeros) o subsidiados (el último) por el Estado.A pesar del deterioro, la intervención estatal permite a las clases bajas y medias mantener un nivel de vida que, en algunos aspectos, puede ser mejor que el de familias de ingresos similares en otros países de la región.Alineados pero no tantoSi la corrección de los precios relativos está detrás de la persistencia inflacionaria, la siguiente pregunta es cómo evolucionaron desde que asumió Milei.Los datos muestran alineamiento: aquellos que eran más caros respecto del promedio regional bajaron (indumentariarestaurantes recreación, pero también alimentos equipamiento para el hogar), mientras que los que estaban más baratos subieron (principalmente vivienda y servicios por la quita de subsidios a las tarifas de servicios públicos).
Sin embargo, todavía queda camino por recorrer. Las tarifas de servicios públicos siguen siendo relativamente bajas y los subsidios implican un costo fiscal relevante.Por eso el Gobierno se propuso seguir corrigiéndolas este año no electoral. Esa intención se reflejó en la inflación de febrero: el rubro que más subió fue vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (6,8% mensual), mientras que prendas de vestir y calzado directamente no registraron variaciones.El problema es que, en este contexto, se mantengan pronósticos oficiales de inflación menor al 1% para agosto. Esto no va a suceder mientras queden precios clave por corregir y, sobre todo, cuando las tarifas — uno de los principales atrasos — tienen un efecto indirecto sobre todos los precios de la economía.Baratos, pero no lo suficienteEl otro gran precio relativo que suele atrasarse es el tipo de cambio, principal determinante de los precios de bienes y servicios que se exportan e importan. Entonces surge otra pregunta: si Argentina no está cara en dólares, ¿significa que el tipo de cambio no está atrasado?No necesariamente. La mayoría de los países de la región tienen economías más estables, con baja inflación, cuyos ahorros son en moneda nacional, con bancos centrales con reservas internacionales y gobiernos con acceso al financiamiento externo.Argentina, en cambio, tiene una demanda estructuralmente alta de dólares porque los ahorros se realizan en esa moneda. Además, el Tesoro aún no recuperó el acceso pleno a los mercados internacionales, por lo que necesita comprar divisas para pagar la deuda. El Banco Central viene comprando, pero esas compras todavía no se reflejan en un aumento significativo de reservas porque se utilizan justamente para esos pagos.Toda esta demanda de divisas hace que el tipo de cambio de equilibrio en Argentina tienda a ser más alto y, por lo tanto, que nuestros precios en dólares deban ser más bajos.De hecho, cuando se analizan los procesos de estabilización de países que hoy son más caros que nosotros — Uruguay, Brasil o Chile — , se observa que al comienzo de la desinflación sus precios en dólares eran bajos y se fueron encareciendo gradualmente a medida que la inflación caía. Y los mayores encarecimientos ocurrieron recién cuando esos países lograron inflaciones bajas y estables.Por eso la pregunta que queda abierta es si Argentina está lo suficientemente barata en dólares para completar su proceso de estabilización. La sensación es que no.No tan creíblesLa inflación en Argentina se resiste a bajar. Algo que, a la luz de la teoría y las experiencias internacionales, era esperable. Porque la inflación no es siempre ni en todo lugar un fenómeno monetario. Es absurdo negar la importancia del aspecto monetario, tanto como sostener que es lo único que importa.Después de reconocer la necesidad de acumular reservas internacionales, ahora el Gobierno también admite la relevancia de los precios relativos. De ahí la importancia de contar con un tipo de cambio sostenible, continuar con la reducción de los subsidios a las tarifas protegiendo a los sectores más vulnerables, y coordinar expectativas mediante una política de ingresos — que no es más que promover acuerdos entre empresarios, trabajadores y sector público para alinear estos precios con el menor efecto inflacionario posible.Y, sobre todo, darle tiempo al proceso de desinflación. Pasar de una inflación del 100% anual a una del 30% es más fácil y lleva menos tiempo que bajarla del 30% a 10%.Lo peor que puede hacerse en este contexto es prometer objetivos de inflación que no se pueden cumplir. Cuando esos objetivos no se alcanzan, lo que se pierde es credibilidad. Y, sin credibilidad, bajar la inflación es imposible.

Guido Zack | Cenital
Notas similares
- Advertisment -
Google search engine

Más vistas