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MILEI VENDE ÉPICA MIENTRAS LA REALIDAD GOLPEA: EL RELATO LIBERTARIO EMPIEZA A CRUJIR

Javier Milei insiste en presentar su gestión como una historia de éxito económico. En sus últimas apariciones públicas volvió a reivindicar la baja de la inflación, el equilibrio fiscal y los indicadores que, según el Gobierno, demostrarían que el “modelo” libertario funciona. Pero detrás de la épica presidencial aparece una realidad bastante más incómoda.

El propio Presidente sostiene que la inflación pasó de niveles superiores al 200% anual a una tasa cercana al 30%. En su discurso ante el Council of the Americas, Milei volvió a utilizar ese dato como una de las principales credenciales de su administración.

El problema es que una inflación más baja no significa automáticamente que los argentinos hayan recuperado su poder adquisitivo. Los precios pueden subir más lentamente y, al mismo tiempo, los salarios, las jubilaciones y el consumo quedar rezagados.

Y ahí aparece una de las grandes contradicciones del relato oficial: mientras el Gobierno habla de una economía que “vuela”, distintos indicadores muestran una sociedad que todavía enfrenta fuertes dificultades para llegar a fin de mes.

La economía de los gráficos y la economía de la calle

Milei suele responder a sus críticos con una frase recurrente: “primero los datos”. El problema es que los datos también pueden ser incómodos para el Gobierno.

El discurso presidencial afirma que el consumo privado, el PBI y las exportaciones alcanzaron niveles récord. Pero la discusión económica no termina en el PBI: importa quién se queda con ese crecimiento, cuánto recuperan los salarios y qué sucede con el consumo cotidiano de las familias.

Incluso los mercados, que durante buena parte de la gestión fueron una fuente de respaldo para el Gobierno, comienzan a mirar con creciente atención el escenario político. Un informe de EMFI Group advierte que las elecciones presidenciales de 2027 serán determinantes para los activos argentinos y señala que el oficialismo enfrenta un escenario de creciente volatilidad.

El Gobierno necesita mostrar resultados

La estrategia de la Casa Rosada es clara: convertir los indicadores macroeconómicos en una prueba definitiva de que el modelo funciona.

Pero gobernar no es solamente bajar una tasa de inflación o mostrar una planilla fiscal. También es responder qué ocurre con los trabajadores, las familias endeudadas, los jubilados, las pequeñas empresas y quienes quedaron afuera del mercado laboral.

En paralelo, el Gobierno avanza con reformas estructurales. Este miércoles, Diputados dio media sanción a una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, una iniciativa que Milei presentó como un paso para terminar con la inflación.

El oficialismo busca así consolidar una narrativa de transformación profunda: menos Estado, equilibrio fiscal y reformas de fondo.

El problema del relato

La pregunta que empieza a aparecer es otra: ¿cuánto puede sostenerse un relato de éxito si una parte importante de la sociedad no siente ese éxito en el bolsillo?

La política argentina entra, además, en una etapa donde cada dato económico empieza a tener una lectura electoral. Faltan meses para que la carrera presidencial de 2027 se convierta en el centro de la escena y los mercados ya están incorporando ese factor a sus análisis.

Milei necesita demostrar que su programa no solamente ordena las cuentas del Estado, sino que también mejora la vida cotidiana.

Porque una cosa es ganar la batalla contra una planilla de Excel.

Y otra muy distinta es convencer a millones de argentinos de que el futuro que promete ya empezó.

Hora Reimon

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