EXCLUSIVO: CÓMO FUERON LAS ÚLTIMAS HORAS DE CLAUDIO BONADÍO

  • 3 Meses ago

El drama final de un cruzado anti K. Cómo aceleró sus investigaciones cuando supo del cáncer en su cerebro. El futuro de las causas que el juez tenía contra Cristina y las internas desatadas en Comodoro Py.

El martes 28 de enero, el juez Claudio Bonadio tuvo un episodio que asustó a su familia: se cayó en su casa y se golpeó. No fue un tropiezo, ni un resbalón. Sus piernas ya no lo sostenían y faltaban apenas siete días para que llegara el final. Sus familiares lo llevaron al Sanatorio FLENI, donde ya venía haciendo el tratamiento contra el tumor en el cerebro que le habían descubierto exactamente un año antes. Allí le dieron los últimos detalles de su enfermedad: el tumor, un glioblastoma multiforme que le habían diagnosticado en mayo del año pasado, le provocaba una paresia facio-braquio-crural con efectos tanto el lado derecho del cuerpo como el izquierdo, lo que implicaba una disminución de la fuerza de sus músculos con limitación del rango de movimientos, según el informe médico al que accedió NOTICIAS. A este cuadro se le sumaba una afasia, por lo que tenía serias dificultades para poder verbalizar lo que pensaba y deseaba. Dos días después de la caída tuvo una proctorragia –hemorragia rectal–, lo que le produjo una brusca caída en la cantidad de glóbulos rojos, camino a la anemia. No quedaba mucho más por hacer y fue en este punto donde el propio Bonadio y su familia decidieron cortar con el tratamiento invasivo y sólo mantener medidas de confort y cuidados paliativos en la casa del juez en Belgrano R.

El comienzo. La salud de Bonadio comenzó a deteriorarse en enero de 2019, cuando percibió que tenía problemas de visión en su ojo derecho. Decidió consultar a un oftalmólogo que advirtió la seriedad del caso. Le indicó que se hiciera unos estudios más complejos y de ahí surgió un diagnóstico más preciso, aunque no definitivo. El informe decía que tenía una “lesión ocupante en la región occipital izquierda”. Se trataba de un tumor pegado al cerebro. Desde aquel día nada volvió a ser igual. Los médicos recomendaron hacer más estudios y programar una operación. Así fue como se llegó hasta mayo en el más celoso de los secretos. Apenas un puñado muy pequeño de familiares y amigos tenían detalles de la salud del juez. Cuando pidió licencia para operarse, Bonadio tuvo que blanquearlo con mucha más gente y el dato se filtró.

En los días posteriores a la cirugía, la falta de información y la grieta política que atravesaba la propia actuación del juez hizo que comenzaran a circular versiones encontradas. Desde los medios más afines al kirchnerismo se habló de inmediato de un tumor, pero con algunas imprecisiones. Desde los medios más duros con Cristina Kirchner se habló de un simple quiste e incluso se dijo que solo sufría estrés. En esos relatos, vale aclarar, sólo estaba expresada la palabra del propio Bonadio y su entorno, quienes escondían el verdadero diagnóstico.

Su situación era tema de Estado, porque se había convertido en el primero en pedir la prisión preventiva de Cristina Kirchner y tenía en sus manos la causa de los cuadernos del ex chofer Centeno, el expediente que sacudió al kirchnerismo y gran parte del establishment empresario. La salud de Bonadio era relevante porque se había convertido en el motor de los expedientes que tenían como protagonista a la actual vicepresidenta. Su estado físico y mental era materia de especulación y si Bonadio tenía una recaída era probable que las causas también la tuvieran.

Dramas de un país con instituciones débiles.

Por entonces, el verdadero estado de salud del juez era una incógnita, hasta que esta revista accedió a su historia clínica. En aquel documento constaban los detalles del presente y el pasado de la salud del juez. Incluso los antecedentes familiares. Y con una particularidad: por la alta exposición pública del magistrado, estaba registrado con el nombre “Claudio Pasquinetti”. Utilizaba su apellido materno.

En esa historia clínica se contaba que el sábado 4 de mayo de 2019 le realizaron una “exéresis del tumor”. Se lo habían quitado. Para llegar hasta el cerebro, tuvieron que raparle la cabeza y abrirle una parte del cráneo. La cirugía fue llevada adelante por los doctores Andrés Cervio y Santiago Condomi Alcorta, quienes trabajaron con un microscopio, un cavitador ultrasónico y un neuronavegador, según el informe médico. Una vez extraído el tumor, se hizo un estudio anatomopatológico intraquirúrgico que dio como resultado que se trataba de un glioblastoma multiforme. Ese sábado se reveló la gravedad del caso: el tumor estaba pegado a la hoz del cerebro, una membrana que separa al hemisferio derecho del izquierdo, y, según los especialistas, cuando los tumores se anclan en esa zona, los diagnósticos son los peores. Y lo fue.

Bonadio decidió seguir adelante. Se compró una boina y volvió a trabajar el 23 de mayo. Ese día subió las escalinatas de Comodoro Py y entró a su juzgado de buen humor dispuesto a darle un cierre a la mayor parte de las causas que tenía a su cargo. “Los registros sobre mi muerte eran exagerados”, bromeó.

Los abogados que litigaban en su juzgado comenzaron a notar una aceleración inusual en diferentes expedientes. Ese mismo día elevó a juicio oral una causa contra Cristina Kirchner por tener en su poder un original de una carta que le envió San Martín a O’Higgins. Dos semanas después la procesó en una causa derivada de los cuadernos conocida como “Corredores viales”, un expediente colateral que se inició a partir de la declaración del ex titular del Órgano de Control de las Concesiones Viales (OCCOVI), Claudio Uberti, quien dijo que recolectaba coimas de esas firmas.  
En julio, en plena campaña electoral, citó a declarar al entonces candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, por la causa del Memorándum con Irán. Al mes siguiente inició el proceso de elevación a juicio oral de la causa Cuadernos y un mes después elevó sólo un tramo. Esto fue producto de que la Cámara Federal no había avalado todos los procesamientos del juez. Es probable que esta situación dé pie para que el expediente entre en un extenso letargo judicial (ver recuadro).

Bonadio continuó yendo a trabajar a pesar de que su debilitamiento físico se volvía evidente. En diciembre, entre la Navidad y el inicio de la feria Judicial, el fiscal Carlos Stornelli fue a visitarlo. Para ese entonces ya recibía a muy poca gente. Apenas lo podía ver Mónica, su fiel secretaria privada. Stornelli lo encontró desmejorado. “El físico le estaba jugando una mala pasada, pero seguía trabajando”, dijo el fiscal. 

Durante la feria su estado empeoró y falleció el 4 de febrero.

Intrigas. Su muerte provocó discusiones en Comodoro Py, los jueces federales suscribieron un comunicado brindando el pésame. Firmaron todos, excepto María Servini de Cubría. Nunca quedó claro por qué la jueza no adhirió a las condolencias. Otro gesto que generó entredichos fue un aviso fúnebre publicado el miércoles 5 en el diario La Nación que decía: “Jueces de la Cámara Federal de Casación Penal participan con pesar por su fallecimiento y ruegan una oración en su memoria”. En ese caso el conflicto fue porque en la Cámara de Casación hay jueces de la agrupación K Justicia Legítima que no simpatizaban con Bonadio y los sumaron a un pésame que hubiesen preferido evitar. Algo similar sucedió con un aviso que se firmó como “Fuero Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal”. Allí el universo anti Bonadio era más amplio. Internas palaciegas.

Otros avisos fúnebres destacados fueron los que enviaron los fiscales que intervienen en la causa Cuadernos, empezando por el fiscal de primera instancia, Carlos Stornelli, el jubilado fiscal de segunda instancia Germán Moldes, el fiscal de Casación, la tercera instancia, Raúl Pleé, y también Fabiana De León, la fiscal que intervendrá a partir de ahora en la causa que fue elevada a juicio y quedó radicada en el TOF (Tribunal Oral Federal) Nº 7. Además de estos célebres actores de la Justicia, también enviaron avisos el actual intendente de Mar del Plata y ex juez federal Guillermo Montenegro, el empresario Mario Montoto, el también ex juez Adolfo Bagnasco, quien además participó del entierro, y Fabiana Ricagno, esposa del empresario Adrián Werthein.

Lo que viene. El futuro de su juzgado es una incógnita. Hoy lo subroga Sebastián Casanello, quien salió sorteado en el concurso para cubrirlo durante la extensión de la licencia que Bonadio había solicitado por un mes. En verdad, Casanello fue el segundo sorteado. El primero había sido el juez Luis Rodríguez, pero se excusó por exceso de trabajo. Los malpensados de Comodoro Py deslizan que es por la pésima relación que tiene con el fiscal Stornelli.

A partir del 1 de marzo habrá que ver quién seguirá al frente del juzgado. Lo más probable es que se vuelva a sortear una subrogancia más extensa y allí el escenario será otro, porque el juez que se haga cargo de los expedientes de Bonadio pondrá gente de su confianza al frente del juzgado. Es decir que es probable que el equipo de trabajo de Bonadio quede en una segunda posición. Un ejemplo fue lo que sucedió en el juzgado de Sergio Torres, quien se fue tras asumir como juez de la Corte bonaerense. Hoy lo subroga Rodolfo Canicoba Corral. Lo primero que hizo al asumir fue desplazar a los secretarios de Torres. Firmar un expediente es una responsabilidad muy delicada como para dejarla en manos de un desconocido.

El futuro de los expedientes de Bonadio comenzará a desentrañarse en marzo y ahí se verá si su legado será una condena a CFK o el derrumbe de todo lo que investigó.

(Noticias)

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