El 16,3% del crédito destinado a personas acumula al menos tres meses de atraso. Son 5,8 millones de argentinos con deudas en mora, según datos de Equilibra citados por el Financial Times.
La inflación bajó, pero para millones de familias el alivio todavía no llegó al bolsillo.
Hay un dato que debería encender todas las alarmas: 5,8 millones de argentinos tienen créditos con atrasos superiores a 90 días. Es decir, casi uno de cada tres argentinos que tiene algún crédito formal está teniendo dificultades para cumplir con sus obligaciones.
El dato fue puesto bajo la lupa internacional por el Financial Times, que describió la situación de los hogares argentinos frente al crecimiento del endeudamiento personal. Según datos de la consultora Equilibra citados por el diario británico, el 16,3% del crédito otorgado a individuos acumula al menos tres meses de mora.
Y acá aparece la contradicción que el discurso económico oficial intenta esquivar.
La inflación bajó. Pero las deudas quedaron.
El crédito se convirtió en el salvavidas de millones
Durante los últimos años, las familias argentinas fueron utilizando cada vez más tarjetas, préstamos bancarios, billeteras virtuales y créditos de financieras para cubrir gastos que el ingreso mensual ya no alcanza a sostener.
Los números muestran la dimensión del problema. Sobre un total de $82,8 billones de crédito destinado a las familias, unos $13,5 billones se encuentran en situación irregular, de acuerdo con información de mayo de 2026 elaborada a partir de datos de la Central de Deudores del Banco Central.
En total, 20,8 millones de personas tienen al menos un crédito formal, mientras que 5,8 millones registran atrasos superiores a 90 días.
No estamos hablando solamente de quienes se endeudaron para comprar un televisor.
Estamos hablando de personas que muchas veces recurren al crédito para llegar a fin de mes.
Y cuando el préstamo deja de ser una herramienta para invertir o consumir y pasa a utilizarse para comprar comida, pagar servicios, arreglar el auto o cubrir una emergencia, el problema deja de ser financiero.
Se convierte en un problema social.
El círculo peligroso de la deuda
El caso relatado por el Financial Times resulta estremecedor.
Jonatan Verón, un conductor de Uber de La Plata, pidió un préstamo bancario de unos US$1.300 para reparar su auto. Después tuvo que recurrir a otro prestamista cuando sus ingresos no alcanzaron para cubrir las cuotas. El segundo préstamo tenía una tasa del 300% y, según el relato publicado por el medio británico, su deuda terminó creciendo hasta superar los US$11.000.
Ese caso permite entender el mecanismo:
menos ingreso disponible → más crédito → más intereses → más deuda → menos consumo → todavía menos capacidad de pago.
Es una bicicleta financiera doméstica que, cuando se detiene, deja a las familias contra la pared.
El dato que incomoda al relato libertario
El Gobierno de Javier Milei puede exhibir una fuerte desaceleración de la inflación: pasó de un pico cercano al 289% a comienzos de 2024 a alrededor del 34% anual, según el Financial Times.
Pero hay una diferencia fundamental entre que los precios aumenten menos y que los argentinos puedan vivir mejor.
Si el salario no alcanza, si el consumo se achica y si las familias necesitan endeudarse para sostener gastos básicos, la inflación puede bajar mientras la angustia económica continúa.
Y eso es exactamente lo que empieza a mostrar la morosidad.
La paradoja: quieren más crédito cuando millones no pueden pagar el que ya tienen
El Gobierno considera al crédito privado una herramienta fundamental para recuperar el consumo y dinamizar la economía.
Pero el problema es que el motor del crédito está empezando a fallar.
El propio análisis del Financial Times advierte que el crédito destinado a individuos prácticamente dejó de expandirse desde fines de 2025.
Y hay una razón evidente.
Los bancos y las entidades financieras no pueden prestar indefinidamente a personas que ya tienen dificultades para pagar.
Mientras tanto, las tasas reales siguen siendo elevadas y, en algunos segmentos, pueden superar ampliamente el 100% anual.
Entonces aparece una pregunta incómoda:
¿Cómo puede crecer el consumo si el consumidor está endeudado?
La economía del Excel y la economía de la heladera
Acá entra la mirada de Hora Reimon.
El Gobierno puede mostrar equilibrio fiscal.
Puede mostrar reservas.
Puede mostrar inflación descendente.
Puede mostrar crecimiento en determinados sectores.
Pero hay otro indicador que no aparece siempre en las conferencias de prensa:
la cantidad de argentinos que ya no pueden pagar sus cuotas.
Porque detrás de cada porcentaje hay una familia.
Hay una tarjeta.
Hay un préstamo.
Hay una cuota atrasada.
Hay intereses que se acumulan.
Y hay una persona que empieza a elegir qué pagar y qué dejar para el mes siguiente.
Eso también es economía.
Y quizás sea una de las fotografías más sinceras de lo que está pasando.
El ajuste también se financia con deuda familiar
Cuando el ingreso pierde capacidad de compra, alguien tiene que cubrir la diferencia.
A veces es el ahorro.
Después aparece la tarjeta.
Después el préstamo.
Después la billetera virtual.
Y finalmente aparece el prestamista.
Hasta que llega un momento en que ya no hay crédito que alcance.
Por eso el dato de los 5,8 millones no debería ser presentado simplemente como una estadística bancaria.
Es una señal de advertencia.
Porque una economía puede sobrevivir a una caída del consumo durante un tiempo.
Pero difícilmente pueda sostener una recuperación sólida si millones de familias están destinando una parte cada vez mayor de sus ingresos a pagar deudas acumuladas.
La pregunta que queda flotando
Milei prometió terminar con la inflación y transformar la economía argentina.
La inflación efectivamente cayó de manera drástica respecto del pico de 2024.
Pero la pregunta que ahora empieza a ganar fuerza es otra:
¿cuánto tiempo puede sostenerse una recuperación económica si el bolsillo de millones de argentinos está hipotecado?
Porque si la salida del ajuste termina siendo que las familias se endeuden para sobrevivir, entonces el costo no desapareció.
Simplemente cambió de lugar.
Pasó del Estado a los hogares.
Y ahora hay 5,8 millones de argentinos pagando la factura de esa cuenta.
Hora Reimon

