miércoles, septiembre 16, 2026
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ELEFANTE TRIBUTARIO

Hace un par de semanas les venía comentando al pasar que en mi otro laburo, en Fundar, acabamos de publicar el tópico del sistema tributario en Argendata. Por si no lo tenían en el radar, Argendata es un proyecto de Fundar en donde pueden encontrar datos explicados de la Argentina. La lógica es simple: para mejorar al país, primero hay que conocerlo. La información se organiza por temas — Ambiente, Desarrollo, Macroeconomía, Población, Sectores productivos, Trabajo e ingresos — y, dentro de cada uno, en tópicos. En Macroeconomía ya estaban Crecimiento, Inflación y Gasto público. Ahora se sumó Sistema tributario.

Sobre la necesidad de reformar los impuestos en Argentina hay un consenso abrumador. Pero para reformar primero hay que conocer. Y me pareció una buena excusa para dedicarle también este número de #Rollover. Porque parte de la solución para dejar atrás el estancamiento, volver a unir esta economía partida en dos e incluso bajar la inflación (temas de los que venimos conversando largo y tendido) está justamente ahí, en el sistema tributario.

Parche a parche, el sistema tributario argentino se convirtió en uno de los grandes elefantes en la sala de nuestra economía. Está roto en todos sus frentes: no recauda lo suficiente para financiar los gastos, mete distorsiones por todos lados, empeora la distribución del ingreso y, encima, es difícil de cumplir. Sobre el diagnóstico casi todos coincidimos. Los desacuerdos aparecen cuando se pasa al “cómo”. Antes de meternos ahí, entonces, vale la pena caracterizar bien qué tenemos.Bajo presiónArgentina tiene una presión tributaria del 27,6% del PBI. Traducido: de cada 100 pesos que produce el país, 27,6 se los lleva el Estado — nacional, provincial o municipal — en impuestos y tributos. Es una carga alta para un país en desarrollo: bastante mayor al promedio de América Latina (21,7%), segunda de la región detrás de Brasil (33,7%) y todavía por debajo del promedio de los países ricos de la OCDE (34,1%).
Hasta acá, nada demasiado escandaloso. El problema es que Argentina tiene mucha más informalidad que un país desarrollado y, además, creciente. La informalidad no tributa y le aumenta la carga al resto.Cuando estimamos cuánto de esa carga cae efectivamente sobre el sector formal de la economía, la presión salta al 42,4% del PBI. Ahí sí, más alta que la que soporta el sector privado formal en los países ricos.IVA sí, otros noLa composición del sistema también es rara. En la comparación regional e internacional, Argentina cobra muchos impuestos indirectos (los que gravan el consumo o las transacciones, como el IVA o Ingresos Brutos) y pocos impuestos directos (los que gravan los ingresos o el patrimonio, como Ganancias o Bienes Personales).El IVA aporta cerca de la cuarta parte de la recaudación total. Es un impuesto proporcional al consumo y, como los hogares de menores recursos gastan un porcentaje más alto de su ingreso, terminan pagando en proporción más IVA que los ricos. No es progresivo. Pero tiene una virtud enorme: ordena el sistema. Cada eslabón de la cadena paga por la diferencia entre lo que cobra y lo que paga de IVA, así que todos tienen incentivos a facturar. Eso le permite a la agencia tributaria identificar ingresos y gastos, y con eso cobrar bien Ganancias. Si identifica bien las ganancias, también es capaz de captar la variación patrimonial y cobrar también bien los impuestos al patrimonio. Entonces el IVA no es progresivo, pero un buen IVA sí permite cobrar bien los dos principales impuestos progresivos. En resumen: no le podemos pedir progresividad a cada impuesto por separado, sino a todo el sistema en su conjunto.¡Ojo! El IVA ordena sólo si se cobra bien. Y en Argentina la evasión de este impuesto es de las más altas de la región: más de 4 de cada 10 pesos que se deberían recaudar se pierden en la informalidad. Si bien el problema es muy extenso, parte de la solución se encuentra en limitar y evaluar las exenciones y alícuotas reducidas. Cada una de ellas abre la puerta a hacer trampa. Pensá en la propuesta frecuente de eximir del IVA a los alimentos de la canasta básica. Suena bien, ¿no?. Pan más barato. El problema es lo que pasa en el mostrador. El panadero no pagaría IVA por vender pan, pero sí por vender medialunas. ¿Qué harías vos en su lugar? Le dirías al fisco que sólo vendiste pan y que no hiciste ni una medialuna. Y listo, otra puerta de evasión abierta por una buena intención. Hay una alternativa: devolver el IVA directamente a la cuenta de jubilados que cobran la mínima y perceptores de planes sociales. Se focaliza mejor la ayuda y no se abre la puerta a evadir. Porque los ricos también comen pan y no hay razón para sacarles el IVA de ese consumo.Pero si tenemos que bajar la carga de los impuestos indirectos y el camino no es a través del IVA, ¿qué alternativas nos quedan? Los otros impuestos indirectos, mucho menos frecuentes, que acá tienen un peso excesivo: las retenciones a las exportaciones, el impuesto al cheque y, en las provincias, Ingresos Brutos. Los tres son muy distorsivos. Las retenciones desincentivan la producción de bienes exportables. El impuesto al cheque, formalizar operaciones. Ingresos Brutos, al pagarse en cascada en cada eslabón de la cadena, empuja a las empresas a integrarse verticalmente. Ningún país tiene una participación de impuestos distorsivos tan grande como el nuestro.
La salida es por arriba…Si sacamos plata de esos impuestos indirectos, ¿cómo financiamos salud, educación, ciencia, infraestructura? La respuesta es clara: aumentando la carga de los impuestos directos. Y ahí hay que empezar por arriba.Los súper ricos son quienes tienen la mayor capacidad contributiva y también la mayor capacidad para eludir impuestos. Muchos no tienen ingresos personales, sino ingresos vía sus compañías: eso los deja fuera del impuesto a las Ganancias de personas físicas. La única manera efectiva de hacerlos contribuir al Estado es a través de Ganancias de sociedades y de los impuestos al patrimonio.¿Y qué hicimos acá? Ir a contramano del mundo. El gobierno redujo Bienes Personales (el impuesto patrimonial nacional) y, vía el REIBP, congeló la alícuota por 15 años. En paralelo, el RIGI — y el Súper RIGI, si se aprueba — reduce y congela las alícuotas de Ganancias de sociedades por 30 años. Un blindaje fiscal de largo plazo para los que más tienen.…y por el medioCon los súper ricos solos no alcanza, ni de cerca, para financiar los gastos esenciales del Estado. Para ello, es necesario ampliar la base y pedirle también más a las clases medias y altas.El impuesto a las Ganancias de personas físicas en Argentina es bajo en la comparación internacional. Por ejemplo, en Brasil este año subieron el mínimo no imponible de unos USD 500 a USD 1.000 mensuales. Acá está en unos USD 2.000. Es decir, una persona que gana entre USD 1.000 y USD 2.000 paga Ganancias en casi todo el mundo, pero no en Argentina.Suena hostil, sobre todo cuando los ingresos vienen cayendo hace años. Por eso en Fundar propusimos una salida: unir Ganancias con las contribuciones personales, dado que tienen la misma base imponible (el salario bruto). Hoy el salario mínimo de convenio no paga Ganancias, pero sí paga 11% de contribuciones. Si se los junta, se puede aliviar la carga de los que menos ganan y subirla progresivamente a medida que aumentan los ingresos.El monotributo es otro asunto para mirar de cerca. Es un régimen muy valioso por su simplicidad: agrupa cuatro tributos (IVA, Ganancias, jubilación, obra social) en un solo pago. Pero es demasiado barato, sobre todo en las categorías más altas. Un monotributista de la categoría máxima puede facturar unos $10 millones por mes y paga 15% de impuestos. Un asalariado en relación de dependencia con el mismo bruto está pagando arriba del 40%. Capacidad contributiva similar, carga muy distinta. Y encima, como los aportes a la ANSES del monotributo son bajos, terminamos desfinanciando al principal factor de déficit fiscal.Sobre los impuestos al patrimonio también hay margen. Cuando se compara la participación de estos impuestos en Argentina y el resto del mundo, se evidencia que no es cierto que el país cobre mucho al patrimonio. En Bienes Personales, ya vimos, el gobierno fue para el otro lado. Pero queda todo un flanco menos explorado: los impuestos patrimoniales provinciales, Inmobiliario y Automotor. El principal problema ahí es que las valuaciones fiscales suelen estar muy por debajo de las reales y, para corregirlas y armonizar alícuotas, se requiere de una gran coordinación tributaria federal, con la que hoy no contamos.El reino del revésTodo esto junto arma un sistema tributario profundamente injusto. Considerando todos los impuestos, quienes menos tienen pagan un porcentaje mayor de su ingreso que quienes más ganan. Si se lo mira por tipo de impuesto, la explicación aparece rápido: son los indirectos los que más afectan a los de abajo. Reducir su peso y compensar con más impuestos directos no es una excentricidad ideológica; es lo mínimo para que el sistema no sea abiertamente regresivo.
Campeones del mundo (de blanqueos)Una última cosa, no menor. En amnistías tributarias somos campeones mundiales. Por lejos. Desde la vuelta a la democracia, Argentina tuvo 59 blanqueos. El país latinoamericano que le sigue, Panamá, tiene menos de la mitad. Y ahora el gobierno impulsa en el Congreso el proyecto de Inocencia Fiscal 2. Hablame de riesgo moral. El mensaje es viejo y clarísimo: el que paga impuestos es un boludo. Mientras eso siga siendo cierto, ninguna reforma tributaria va a funcionar.El país que queremosTenemos un sistema tributario distorsivo, regresivo y complejo, que atenta contra la formalidad y la competitividad. El consenso es abrumador. Las diferencias aparecen en las propuestas y, en el fondo, esas diferencias son sobre qué modelo de país queremos.¿Uno con presión tributaria alta y una provisión amplia de bienes y servicios públicos, o uno con presión baja y menos Estado? ¿Uno en el que las familias de menores ingresos paguen proporcionalmente menos, o uno en el que los que menos tienen paguen más que los que más ganan? ¿Uno en el que la familia y la provincia en la que naciste condicionen fuerte tus posibilidades por el resto de tu vida, o uno en el que cualquier persona que nazca en Argentina tenga más o menos las mismas oportunidades?Nuestro sistema tributario dice mucho de la respuesta a estas preguntas. Vale la pena hacérselas antes de discutir alícuotas.

Guido Zack | Cenital

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