La histórica fabricante de maquinaria agrícola de Córdoba atraviesa una crisis financiera que pone en riesgo su continuidad. Con más de $30.800 millones de deuda, cheques rechazados y hasta tres quincenas de salarios impagos, los trabajadores ocuparon la planta tras el fracaso de las negociaciones.
La crisis de Pauny, una de las principales fabricantes de tractores de la Argentina, llegó a un punto crítico. Después de semanas de reclamos salariales y negociaciones sin resultados, los trabajadores decidieron tomar la planta industrial de Las Varillas, Córdoba, ante la falta de respuestas de la empresa. El conflicto afecta a alrededor de 500 operarios y vuelve a instalar la discusión sobre el futuro de una compañía emblemática de la industria nacional.
La decisión se tomó luego de dos audiencias frustradas entre representantes de la firma y los trabajadores. En algunos casos, los empleados acumulan tres quincenas sin cobrar, mientras la empresa enfrenta dificultades para financiar su producción y cumplir con sus compromisos comerciales. La incertidumbre se profundizó luego de que la compañía depositara apenas $100.000 por trabajador, una cifra muy inferior a los salarios adeudados.
La situación tiene un fuerte impacto sobre Las Varillas, una localidad cuya economía está estrechamente vinculada con la producción de maquinaria agrícola. Pauny emplea a unos 450 trabajadores directos y sostiene una extensa red de proveedores, por lo que una paralización prolongada podría afectar a numerosas empresas y familias de la región. Los vecinos comenzaron a organizar colectas de alimentos y artículos de primera necesidad para asistir a los operarios.
Salarios impagos, suspensiones y una fábrica tomada
El conflicto se agravó cuando la dirección de Pauny dispuso suspender temporalmente las actividades durante los días 28, 29 y 30 de octubre, argumentando una disminución de la producción. La empresa había anunciado que retomaría las tareas habituales el lunes 2 de noviembre, pero la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) rechazó las suspensiones e instó a los trabajadores a presentarse en sus puestos para sostener las medidas de fuerza.
El gremio denunció que la compañía mantenía deudas correspondientes a la segunda quincena de septiembre y la primera de octubre, además de irregularidades en los aportes jubilatorios y la cobertura de obra social. Ante la falta de soluciones, solicitó la intervención de la Secretaría de Trabajo de Córdoba. Las audiencias terminaron sin un acuerdo que garantizara el pago de los salarios, lo que finalmente derivó en la ocupación de la planta.
La crisis laboral está acompañada por un deterioro financiero de gran magnitud. Según los registros del BCRA citados en los informes periodísticos, Pauny acumulaba una deuda bancaria de $30.817 millones a agosto de 2026. El principal acreedor es el Banco Nación, con $21.587,9 millones, aproximadamente el 70% del total, seguido por el Banco de Córdoba, BBVA y Banco Provincia.
A los compromisos financieros se suma otro indicador preocupante: entre el 13 y el 23 de octubre, la empresa registró 146 cheques rechazados por falta de fondos, por un total de $1.028,4 millones. Para conseguir liquidez, la compañía recurrió a sus concesionarios, que compraron anticipadamente 60 tractores. Sin embargo, los problemas de producción impidieron cumplir con todas las entregas y apenas se completó algo más de la mitad de las unidades comprometidas.
La competencia china y el derrumbe de las ventas golpean a Pauny
Detrás de la crisis aparece un problema estructural: la fuerte caída de las ventas y las dificultades para competir en un mercado cada vez más exigente. Pauny llegó a producir cerca de 2.000 tractores anuales y, en sus mejores momentos, comercializaba entre 180 y 200 unidades por mes. Sin embargo, esos volúmenes quedaron lejos de los registros actuales, mientras la compañía enfrenta problemas para sostener su estructura industrial.
Los números muestran la magnitud del retroceso. En septiembre de 2026 se patentaron apenas 24 tractores Pauny, una cifra que contrasta con los niveles históricos de comercialización. La menor demanda afecta directamente los ingresos de la empresa y limita su capacidad para comprar insumos, mantener las líneas de montaje y cumplir con los pagos a trabajadores y proveedores.
A ese escenario se suma la competencia de tractores importados, especialmente de origen chino, que, según los informes sobre el sector, pueden ofrecerse a precios hasta un 50% inferiores a los de determinados equipos tradicionales. Leonel Mobili, trabajador de Pauny, cuestionó el impacto de las importaciones y aseguró que la empresa cayó estrepitosamente por la competencia desleal. También señaló que los fabricantes argentinos deben competir con productos provenientes de China, India y Japón bajo condiciones diferentes.
La combinación de menores ventas, falta de capital de trabajo y dificultades financieras dejó a Pauny ante un escenario delicado. La búsqueda de nuevos inversores aparece como una posible salida, aunque hasta el momento no se informó un acuerdo concreto que permita normalizar la producción. Mientras tanto, los trabajadores reclaman una solución inmediata para recuperar los salarios y garantizar la continuidad de sus puestos.
El fantasma de Zanello: la fábrica que nació de una quiebra y vuelve a estar en peligro
La crisis actual tiene un antecedente que genera especial preocupación en Las Varillas. Pauny nació después de la quiebra de Zanello, una histórica fabricante de tractores que dejó de operar en 2001, en medio del colapso económico argentino. Aquella empresa había llegado a emplear a más de 1.000 personas y ocupaba un lugar destacado en el mercado nacional de maquinaria agrícola.
Tras la quiebra de Zanello, decretada el 11 de septiembre de 2001, los trabajadores comenzaron a organizarse para recuperar la actividad industrial. La iniciativa reunió a la Cooperativa de Trabajo Metalúrgica Las Varillas, antiguos directivos y concesionarios. El nuevo proyecto dio origen a Pauny, una sociedad integrada por trabajadores, personal jerárquico y representantes de la red comercial, con una participación minoritaria del municipio.
El 2 de enero de 2002, la planta volvió a producir tractores y comenzó una etapa de recuperación que se convirtió en un caso emblemático de la industria argentina. Durante los años siguientes, Pauny logró reconstruir su presencia en el mercado, ampliar su producción y consolidarse como una fabricante de capitales nacionales. Aquella experiencia permitió preservar empleos y mantener en funcionamiento una fábrica que parecía condenada a desaparecer.
Hoy, casi 25 años después, el temor a una nueva quiebra vuelve a sobrevolar la planta de Las Varillas, aunque Pauny no fue declarada formalmente en quiebra. Con una deuda bancaria millonaria, salarios atrasados, ventas debilitadas y una fábrica ocupada, la empresa enfrenta una etapa decisiva. El desenlace dependerá de las negociaciones laborales, la posibilidad de conseguir financiamiento y la capacidad de recuperar la actividad productiva antes de que la crisis se profundice.
- 500 trabajadores afectados por el conflicto laboral.
- Más de $30.800 millones de deuda bancaria acumulada.
- 146 cheques rechazados en apenas diez días.
- Salarios impagos y una planta tomada en Las Varillas.
El Economista

